OHANES (ALMERÍA)


Si existen animales devotos en España éstos son sin duda los toros de Ohanes que, cuando llega San Marcos, se arrodillan ante el santo. "Oiga, ¿y si salen protestantes?". Rotunda la respuesta: "Aunque sean ateos, se arrodillan".

Es ésta de San Marcos una de nuestras fiestas más curiosas. Mientras el santo es paseado por las calles, seis enormes toros las recorren también sujetos por largas maromas, causando caídas, carreras y algún susto. Si se ha conseguido esquivar uno es posible que aparezca otro detrás, por lo que lo mejor son las terrazas o los balcones. Cuatro horas están los toros por las calles y, al final, son obligados a arrodillarse ante el santo, siguiendo un antiquísimo ritual que sólo aquí se conserva. En los últimos años las mujeres suelen elegir una vaquilla para obligarla, asimismo, a hacer la reverencia.

Ohanes, a unos mil metros de altitud, destaca como una mancha blanca en la ladera de la montaña y parece casi vertical; tanto que el cementerio, situado al lado, dicen que entierran a los muertos de pie. Los campos, que lo rodean, bancales de viñas y parrales de uva principalmente, se encuentran abandonados, porque muchos de sus habitantes se han ido a trabajar a los invernaderos de la costa. Sólo las almendras (y en régimen familiar) se siguen explotando, así como los nuevos cultivos de tomates y habichuelas. A los lados del camino, higos chumbos que nadie recolecta.

Una larga calle recorre el pueblo, y ahora han construido otra que lo rodea. En la plaza, donde se hallan el Ayuntamiento y la iglesia, hay una estatua del obispo don Diego Ventaja, fusilado en la guerra y a quien los más mayores aún recuerdan. La plaza, llena de acacias, lleva el nombre de Miguel Vizcaíno Márquez que, dicen, ha hecho mucho por el pueblo.

El cura de Ohanes, Ildefonso Sala López, es todo un personaje; fue representante sindical de la construcción y está dedicado plenamente a la agricultura ecológica. Recorre la comarca en una Ducati antiquísima con matricula de Almería, del tiempo en que sólo había números y no letras.

Al fondo se divisa Canjáyar, otra mancha blanca en el valle. En los alrededores podemos visitar el peñón de la Polarda y pueblos como Canjáyar, Fondón, Padules, Fuente Victoria y, sobre todo, Laujar de Andarax, capital de la comarca.