PAMPANEIRA (GRANADA)


Cuando se habla de Las Alpujarras vienen a la memoria los nombres de Pedro Antonio de Alarcón, que las recorrió en 1872, y de Gerald Brenan, que vivió en uno de sus pueblos, Yegen, alrededor de catorce años (1920-1934). Sin embargo, el barranco de Poqueira, la parte más bella, frecuentada por pintores, escritores y músicos, y la más conocida internacionalmente, no fue recorrido por ninguno de los dos.

Pampaneira, al fondo, es el último pueblo del valle en ser saludado por el sol, ya que hasta el mediodía permanece en sombra. Casi todos sus habitantes viven del turismo y alquilan las casas o tienen alguna pequeña tienda, y ya no se sorprenden de nada, ni siquiera del monasterio que unos monjes budistas tibetanos levantaron "detrás de las nubes, a la trepada". Hay también extranjeros que viven en el pueblo todo el año y que se ganan la vida con diferentes artesanías o leyendo el tarot y las manos.

Aunque se ha construido mucho y mal, Pampaneira es de los pueblos alpujarreños que mejor se ha conservado. Se ha edificado un gran aparcamiento a la entrada, que ya se ha quedado pequeño, y los fines de semana es un continuo desfile de visitantes procedentes de Málaga, a dos horas, o de Granada, ahora y media, para contemplar el paisaje y la arquitectura y degustar su gastronomía.

Al atardecer, el turista se marcha y las numerosas tiendas cierran sus puertas. Entonces se puede pasear por las calles; beber un trago de agua en la fuente de San Antonio, conocida como Chumpaneira, con lo que, dicen, se deja de ser soltero al poco tiempo; o mejor aún, tomar un vaso de vino del país acompañado con jamón en cualquiera de los bares o mesones mientras se charla con el tabernero. Antonio regenta uno de los establecimientos más antiguos de Las Alpujarras, el hostal-restaurante-bar Pampaneira, donde se sirven buenas tapas de jamón, chorizo, lomo de orza y, de cuando en cuando, migas. Siempre pregunta que tipo de vino prefiere el cliente: "del que se ha pisado este año o del de antes"; es mejor pedir "del de antes". Antonio sabe de oídas quienes fueron Pedro Antonio de Alarcón y el "inglés", aunque "ese señor nunca estuvo por Pampaneira". Su bar, a la entrada del pueblo, suele ser punto de parada para todo el mundo.