ALBARRACÍN (TERUEL)


Mientras que la primera planta de las casas es de mampostería (algunas con esquinas de piedra), los pisos altos muestran un entramado de yeso y madera, y las calles conservan todas el empedrado antiguo. Muchas de las rejas que hoy se pueden ver por Albarracín y los pueblos de alrededor las forjó Antonio Jarreta a mediados del siglo XX. El hombre vivía de arreglar los arados, que es lo que daba dinero, y realizaba trabajos por encargo, como rejas de ventanas y utensilios para las chimeneas. Un motivo que repitió varias veces era el de un guerrero moro: Ben Razin.

A dicho personaje debe precisamente la ciudad su nombre. Pero ya antes este refugio natural había sido utilizado por el hombre prehistórico, que dejó pinturas rupestres en algunas de las cuevas próximas. También sirvió de escondite a pastores que huían de los romanos; más tarde, los visigodos la denominaron Santa Maria del Levante. Los árabes no sólo cambiaron el nombre, sino que la hicieron capital de un reino y levantaron un castillo y murallas. Muchas de las torres que hoy se contemplan, como el torreón del Andador y la torre del Agua, pertenecen a aquélla época (siglo X). Y vinieron de nuevo las luchas entre moros y cristianos y también acabaron desapareciendo, pero quedaron las leyendas. Una de las más bellas relata que la Infanta Blanca de Aragón vivía prisionera en uno de los torreones y allí murió de tristeza. Dicen que en noches de luna llena baja su espíritu a bañarse a las orillas del río Guadalaviar, como hacia en vida; la tradición señala que la tal doña Blanca de Aragón debía de ser de origen judío, pues tomaba los misteriosos baños en viernes. O las del rey moro que tuvo que huir y dejó enterrados sus tesoros, siempre buscados y nunca encontrados. O las llamadas patas del diablo, que quedaron marcadas en una roca (camino de Calomarde) cuando el maligno intentó alcanzar a un pastor que se salvó de un gran salto.

Estas y más historias surgirán paseando por la ciudad de Albarracín, rodeada de las murallas que protegen su parte más antigua: la de la iglesia de Santa Maria y el alcázar. Luego hay que llegarse hasta la catedral, que alberga retablos del siglo XVI, y el museo, con el llamado Pez de Roca (un pez tallado en cristal de roca) y la colección de tapices. Y no hay que irse sin haber intentado fotografiar el arco y la inclinada casa de Julianeta, la imagen más difundida de la villa.


Población : 978 habitantes.

Accesos : a 37 kilómetros de Teruel.

Alojamiento : Albarracín. Tfono 71 00 11, Casa de Santiago. Tfono 70 03 16, Arabia Tfono 71 02 12, El Recreo Tfono 71 02 43, El Santo Cristo. Tfono. 70 03 01, El Gallo Tfono. 71 00 32.

Gastronomía : sopas de ajo, cordero a la pastora, ternasco, migas con uvas, setas y truchas; de postre, almojábanas o requesón con miel. Los mejores lugares: Mesón del Gallo, El Portal, El Recreo y El Rincón del Charro.

La mejor vista : en la plaza Mayor o viniendo de Teruel.

Visitas : catedral, palacio Episcopal, iglesia de Santiago y Santa Maria, murallas, torre de Doña Blanca y conjunto urbano. Las mejores casas son las de Julianeta, del Charro y Azagra.