LA ALBERCA (SALAMANCA)


Cata, tía Esperanza ( artesana del mimbre), tía Francisca La Cirujana ( que guarda la campana de ánimas y hace turrón), tía Faela ( curandera ), tía Juliana... Todas ellas siguen recordando en su vestir el pasado de La Alberca. En este pueblo de la Sierra de Francia salmantina las actividades varían algo en invierno, pero la vida es casi la misma durante todo el año. Al amanecer cantan los gallos y, cuando callan, se escucha el trinar de los pájaros. En seguida el cabrero avisa a la gente para que saque a los animales. Más tarde desfilará una piara de cerdos y, luego, alguna pareja de burros cargados con hierba.

A lo lejos ladran los perros y, parándose en todas las esquinas, viene el llamado cerdo de San Antón, al que todos han de alimentar hasta que sea rifado el 17 de enero entre los vecinos, como año tras año y siglo tras siglo. Un par de mujeres baja por la calle para acudir a la llamada de misa y, de paso, cambiar impresiones con todo aquel que se cruza. A las diez, o quizás un poco más tarde, abren los comercios. La mayor parte de los albercanos vive ahora del turismo, por eso la calle principal rebosa de tiendas de artesanía, gastronomía o recuerdos. En la bella plaza asoportalada, taponada muchas veces por coches, forman tertulia algunos viejos. Al atardecer parece que se oyen más los ruidos y, desde las callejas, llega el rumor del agua golpeando sobre las pilas de las fuentes. Entonces, cuando los últimos rayos de sol alargan las sombras de tejados y balcones, es también el momento de las fotografías más bellas.

De pronto, una campanilla se escucha a lo lejos. El toque se va acercando, lo mismo que las voces femeninas que murmuran padrenuestros y avemarías. Se trata de la esquila de ánimas, que sale todos los días con frío o calor, llueva o nieve, para recorrer las esquinas del pueblo pidiendo por los que ya murieron, con una cantinela que no ha variado en siglos: "Fieles cristianos, acordaos de las benditas ánimas del Purgatorio". Y luego regresarán las cabras y los cerdos, y la gente tomará su penúltimo vaso de vino en los bares de la plaza situados bajo los soportales. Pero los fines de semana, sobre todo, La Alberca cambia y resulta casi insoportable; es difícil encontrar sitio para dejar el coche y la calle principal ( calle Tablao) se llena todavía más de tenderetes, donde se venden cestos, miel, obleas, turrón, cerámica de no se sabe dónde o las clásicas chucherias de cualquier mercadillo. El turismo, descubierto hace unos años por los albercanos, ha hecho que proliferen tiendas de recuerdos y supermercados, bares y discotecas. La tranquilidad que vienen buscando los visitantes desaparece. Es otra Alberca, cansada también de ser motivo fotográfico.


Población : 958 habitantes.

Accesos : a 75 kilómetros de Salamanca, por Vecinos y Tamames.

Alojamiento : Las Batuecas. Tfono. 41 51 88, La Alberca. Tfono. 41 52 37, Castillo. Tfono. 43 74 81, Paris. Tfono. 41 51 88 y pensiones Las Heras. Tfono. 41 51 13 y Hernández. Tfono. 41 50 39.

Gastronomía : carnes y productos de la matanza. Destaca el limón. para comer lo mejor es acercarse hasta el pequeño lugar de el Cabaco, famoso por sus numerosos restaurantes: El Cruce, Víctor, El Final, El Mesón y El Refugio. En La Alberca, restaurante del hotel Castillo y en la plaza, La Catedral.

La mejor vista : desde la plaza.

Visitar : conjunto urbano, especialmente, plaza Mayor e iglesia.