MIRANDA DEL CASTAÑAR (SALAMANCA)


Es recomendable caminar de noche por las calles solitarias de Miranda y oír los propios pasos en el antiguo empedrado del suelo. La oscuridad y lo solitario de ellas hacen creer que el tiempo se ha detenido hace siglos. Y algún que otro farol acentúa esta impresión, como el que ilumina la imagen de San Ginés bajo el arco que hay junto al castillo.

En el hotel, una ensalada con productos cogidos del huerto contiguo, una sopa de cocido y un filete con patatas o un huevo constituyen una comida sencilla, pero que sienta bien. Luego se hunde uno en el sillón rodeado de silencio.

El amanecer siempre es igual, con el piar de los pájaros y el correr de las aguas del cercano riachuelo. Según asciende el sol se van iluminando las pequeñas aldeas que salpican las laderas de la montaña. Poco antes de las ocho salen los labradores con sus mulos y sus aperos de labranza hacia el campo y se les ve alejarse por los senderos hasta perderse por entre la vegetación.

La plaza del castillo, hasta entonces vacía, se empieza a llenar de coches. En una de las casas antiguas, una especie de onza de chocolate arriba, en vez de escudo, recuerda que en otros tiempos aquella era fábrica donde se vendía este producto. La calle de las casas nobles cruza la población de lado a lado, todavía con el nombre de General Mola.

Miranda conserva una de las fiestas de Águedas (a principios de febrero) más interesantes de toda España. Tras el recorrido por las calles con la imagen de la santa, las águedas bailan la bandera colocando el pie sobre el marido o familiar varón que, echado en el suelo, les rinde pleitesía. Muy cerca, a cinco kilómetros, queda Mogarraz, el último de los cuatro pueblos de esta sierra en ser declarado monumento histórico-artístico. Mogarraz es una larga calle que va desde el humilladero hasta la plaza, ya un poco estropeada. Se conservan rincones bonitos y, como en muchos otros pueblos serranos, la gente mayor evita ser fotografiada. Sobre los portales de las casas, al igual que en Miranda, lucen una especie de escudos de piedra que señalan el oficio de su propietario (como una que muestra un tonel) o corazones del Sagrado Corazón de Jesús o escenas del purgatorio.

A unos tres kilómetros hay pozas para bañarse. Pasado el cercano pueblo de Villanueva del Conde está el llamado mirador de la Sierra y, en Sequeros, el mirador de la Cruz. Pueblos de la Sierra de Francia: Mogarraz, La Alberca y San Martín del Castañar.