PATONES DE ARRIBA ( MADRID )


Cuenta Antonio Ponz que " en aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España", algunos buenos cristianos se escondieron en estos agrestes parajes y eligieron de entre ellos un rey que los gobernase, y así siguió la cosa durante siglos, olvidados de todos y, según Ponz, el rey bajaba a Torrelaguna a vender cargas de leña. Dice la tradición que uno de sus orgullosos monarcas ( no hay documento histórico que así lo confirme), llegó a escribir una carta que comenzaba diciendo: "Del Rey de los Patones al Rey de las Españas". El monarca que por aquel entonces debía ser Felipe II, mandó averiguar quien era aquel súbdito tan descarado que presumía de tener un reino dentro del suyo. Pero, enterado de su situación, sin caminos que hasta allí llegaran, los dejó tranquilos.

Más tarde, Carlos III intentó ponerles impuestos sin, al parecer, demasiado éxito, así que permanecieron ignorados de todos. De Torrelaguna sale una serpenteante carretera que, tras siete kilómetros, lleva a Patones. Hay dos Patones, el de Arriba y el de Abajo. Los separan dos kilómetros por una empinada cuesta. Al de Abajo, formado por una serie de casas a ambos lados de la carretera sin nada especial que destacar, han acabado trasladándose, en el siglo XX, casi todos los habitantes. El de Arriba, es el de la curiosa historia, toda ella oral, pues los pocos archivos que había fueron quemados por un secretario en el siglo XX, considerándolos papel viejo. La historia del rey de los Patones empezó a ser aireada hará unos veinte años y la pequeña aldea se hizo famosa.

Un francés supo ver el negocio y arregló algunas casas, vendiéndoselas a veraneantes. Luego se pusieron un par de restaurantes y la cercanía a Madrid hizo el resto. Hoy día, apenas quedan tres o cuatro vecinos de los de antes. A la entrada está lo que llaman palacio del rey de Patones, una humilde casa con dos pequeños leones de piedra y una lápida que intenta resaltar su curioso pasado. Patones, en realidad, tiene poco que ver. Es un pueblecito pequeño, y desierto en días de diario. Cerca se encuentra la cueva del Reguerillo ( declarada monumento histórico-artístico), donde se conservan numerosas estalactitas y grabados prehistóricos y la presa del Atazar.


Población: 360 habitantes.

Accesos: a 60 kilómetros de Madrid por la N-I hasta Venturada, donde se toma la N-320 y en Torrelaguna, la M-102.

Alojamiento: El tiempo Perdido. Tfono. 843 21 52.

Gastronomía: judías, chorizo y cabrito. Hay varios restaurantes, el más antiguo es Rey de Patones, y el último que se ha abierto, El Poleo.

La mejor vista: desde el mismo pueblo.

Visitar: conjunto urbano.