SALINAS DE AÑANA (ÁLAVA)


De junio a septiembre, cuando llega el buen tiempo y las lluvias desaparecen, el paisaje se vuelve espectacular en Salinas de Añana, un pequeño lugar medio olvidado en una carretera comarcal, en el limite de Álava con Burgos. Las viejas estructuras de madera, levantadas hace siglos, aparecen completamente cubiertas por capas de sal que relucen cegadoramente bajo el sol, como si todo estuviese cubierto por un blanco manto de nieve. Este paisaje, declarado monumento de interés histórico-artístico, fue creado por los romanos hace unos veinte siglos, cuando empezaron a explotarse los manantiales salinos. Cinco mil terrazas, de las que siguen funcionando alrededor de cuatrocientas, se construyeron en el valle, y desde entonces Añana vivió de las salinas más antiguas de España.

Primero pertenecieron al campesinado, pasando luego a la realeza y más tarde a la Iglesia. Con la Desamortización el esplendor de Añana se apagó y la sal dejó de ser rentable, convirtiéndose en historia la época en que se pagaba más por un kilo de sal que por uno de pan. Ahora han vuelto a propiedad particular y algunas personas llevan reflejado en el carné de identidad su profesión: salinero. El lugar es bueno para la salud, como lo demuestra la avanzada edad que alcanzan algunos de sus habitantes, que aún recuerdan los tiempos en que la recolección de la sal se hacia trasportándola a hombros. Actualmente un tractor recorre el cauce del manantial al final de temporada.

Hasta el comienzo de la guerra civil existió en Añana un famoso balneario, del que se conserva todavía algún que otro baño de mármol rosa abandonado cerca de las terrazas. Mucha gente sigue viniendo a pasear descalza por sus aguas, lo cual, dicen, está recomendado para el reuma. El único temor durante los meses de mayo y junio es la lluvia, que puede arruinar la cosecha. A comienzos del siglo XX, Añana contaba con la protección de dos patrones: Santa Ana y San Cristóbal. Se comenta que, hace ya muchos años, sacaban en procesión a Santa Ana en el día de su fiesta (26 de julio), en pleno verano, y la paseaban por en medio de las terrazas. La santa un año se despistó y la lluvia se llevó las salinas y las ganancias. Los de Añana destituyeron inmediatamente a Santa Ana, nadie volvió a hablar de ella y su ermita fue convertida en almacén. San Cristóbal tampoco corrió mejor suerte, ya que su iglesia quedó destruida en tiempos de la invasión francesa y actualmente es un frontón. El primer domingo de octubre se celebra la fiesta más importante: La Virgen del Rosario.

La zona donde se explota la sal recibe el nombre de Valle de la Sal y cuenta con tres manantiales de agua salada y dos de agua dulce. Todo en las salinas debe ser de madera, hasta los clavos, debido al oxido. El agua es conducida hasta las terrazas a través de acueductos de madera y la sal que se obtiene, tras su evaporación, se recoge cada dos días. Hasta mil kilos puede producir por temporada una era. No es para hacerse rico, pero da para vivir.


Población: 188 habitantes.

Accesos : a 29 kilómetros de Vitoria.

Alojamientos : lo más cercano es el hostal Tres Hermanos. Tfono. 35 90 21, en Sobrón, al lado del antiguo balneario sobre el río Ebro, lugar muy apreciado por los aficionados a la pesca. Otra opción es ya la capital, Vitoria.

Gastronomía : cervecería Goisalde y bar Angulo. otra posibilidad es acercarse a Poves, a 8 kilómetros, por donde pasa el ferrocarril. En Espejo, el Chaco.

La mejor vista : desde el convento o desde la misma carretera.

Visitas : el espectáculo de las salinas, sobre todo al atardecer; palacio y típica bolera de balconada de madera; en lo alto antiguo convento de la orden de Malta, habitado por monjes.